sábado, 29 de agosto de 2015

Luces de neón

La niebla del septimo piso juega al escondite.
Dos ancianos se desmienten entre ruidos luminosos.
Juegan a ser héroes de otro tiempo bien amados, solo buscan el placer en hacer daño.
Sienten la atenta mirada aunque agazapada de la niebla, ambigua metafora del tiempo.
Ese que ya poco les queda, sintiendose amenazados por eco del olvido.
Se reflejan asustados en el viejo espejo del salon.
Sin hablarse como mudos pájaros se besan y se mienten en cuanto al tiempo.
Solo buscan un refujio alejado de la atenta mirada de la niebla, que danza en séptimo piso, riéndo y llorando a la vez.
No se cuanto tiempo estuve agazapada en tus recuerdos, solo se que aquellos ancianos soñaron con las estrellas que dibuje en tu costado, uniendo tus lunates para hacer constelaciones.
Sigo siendo poéticamente incorrecta cuando juego al escondite en tus recuerdos y hago que te excites cuando aparezco.
Me pones los pelos de punta cuando juegas con tus dedos sobre mi espalda, el tacto de tus yemas sobre mi piel es comparable al roce eterno astral.
Tu y yo unidos por un mismo verso, el juego del hechizo que hizo que me enganchara a tus sueños.
Me atrapaste en con tus lunares, que me contaban historias sobre tus memorias, insultando a las estrellas con su hermosura.
Me desterraron las constelaciones por jurar que tus lunares eran divinos y estelares.
Y después de dormirme en tus brazos subo al séptimo piso, para esperar como hace la niebla, para llorar y reir, para envidiar las historias que esconden los ancianos, que tan gélidamente esperan la llegada de la niebla.

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