La vida, que me trae recuerdos amargos, sobre la existencia
del demonio que tienta con sus ojos brillantes, cargados de confianza, pero que
desatan lo peor; un demonio que no se viste de rojo, ni lleva cuernos, si no
que es hermoso, y a veces adquiere la capacidad de ser amable, considerado,
pero luego acaba partiéndome como un rayo, tan fuerte, tan doloroso, tan
sumamente inconsciente, pero a la vez consciente de sus malévolos actos, el
cual se mofa a cada paso; cada beso, es como una puñalada por la espalda. Cada
sonrisa, son 200 años de castigo…. Pero merece la pena, por experimentar la pequeña
parte de un todo, ese todo es el sabor y la textura de un infierno, de una
perdición, de algo que no termina por no saber cómo empezar. Algo mágico, que
atrae como la luz atrae a las moscas. Me encuentro, sentada , con la mirada
perdida, buscando el horizonte brillante, pero como cada día, no soy capaz de
encontrarlo, ya que me pierdo en la nada de mis pensamientos, en la
incertidumbre, en el recuerdo de ese demonio hermoso, brillante , capaz de
embaucar hasta a un ángel. Esos días en los cuales la luz brillaba pálida, y yo
estaba en sus brazos, sin percibir el más mínimo atisbo de maldad, pensado en
que estaba en manos de un ángel de bellas alas blancas, las cuales se me
tornaron negras a cada paso que daba hacia mi perdición. Y me encuentro en una constate espiral que no
termina de alargarse, prolongándose infinitamente.
No busco el perdón, ni la aceptación de nadie, solo a él,
solo busco en el amargo recuerdo de su estancia, otra oportunidad. No le debo
nada a nadie.
No quiero firmar mi vida como una anónima mas, tampoco
pretendo traer la paz mundial, solo marcar fuerte, pero despacio, que hiera,
pero que no duela.
Veo como los únicos momentos de felicidad, se desvanecen,
rotos por un impulso decisivo, que lleva a cualquier y a ningún punto en
concreto a la vez. No sabría decir si se
desvanecieron solo por mi culpa, o si también fue la osadía del pensamiento,
que podría llevar a cualquiera al último
punto de locura, en el cual estoy a punto de caer, caer hacia la nada, caer
como si no hubiese un final, seguir cayendo, descendiendo al infierno en el
cual se producen millones y millones de mis malos pensamientos, donde aquel
demonio de ojos brillantes que había hecho de mis días sombríos y fríos, un
pequeño paráis tropical.
Llegando al máximo punto de locura presente, ya no sabía que
debía, o podía hacer para contrarrestar el hecho de estar hundiéndome cada vez
más rápido en la soledad, propia de alguien ya acabado, pero solo que a mi aun
me quedaba mucho.
Y mientras mis dedos se deslizan suave, rápido, y en
ocasiones apasionadamente, por el teclado de mi ordenador; suena de fondo, lo
único que verdaderamente me mantiene atada a un extremo de esa realidad, esa
pequeña cuerda que une el vacío abismal de la locura, con la realidad, tan
bella, tan cruda, que a veces me arranca pedazos del corazón ya medio abatido,
la cual a veces inunda mis recuerdos, dejando pinceladas de soledad allá por
donde quiere pasar.
Ya no se que pensar, en ocasiones , se me escapan frases acerca
de mi estúpido acoso moral, la cual hago saber de manera crítica, la cual
incluye en ocasiones desvaríos típicos de una adolescente, que acaba de
tragarse 3 botes de pastillas, y que milagrosamente sigue viva, no me pongo en modo suicida ni nada, pero se
que a veces las indirectas pueden llegar a cortar, como lo hace el filo del
cuchillo, que tan afilado se hunde en mi carne
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