domingo, 21 de diciembre de 2014

Recuerdos rotos

La vida, que me trae recuerdos amargos, sobre la existencia del demonio que tienta con sus ojos brillantes, cargados de confianza, pero que desatan lo peor; un demonio que no se viste de rojo, ni lleva cuernos, si no que es hermoso, y a veces adquiere la capacidad de ser amable, considerado, pero luego acaba partiéndome como un rayo, tan fuerte, tan doloroso, tan sumamente inconsciente, pero a la vez consciente de sus malévolos actos, el cual se mofa a cada paso; cada beso, es como una puñalada por la espalda. Cada sonrisa, son 200 años de castigo…. Pero merece la pena, por experimentar la pequeña parte de un todo, ese todo es el sabor y la textura de un infierno, de una perdición, de algo que no termina por no saber cómo empezar. Algo mágico, que atrae como la luz atrae a las moscas. Me encuentro, sentada , con la mirada perdida, buscando el horizonte brillante, pero como cada día, no soy capaz de encontrarlo, ya que me pierdo en la nada de mis pensamientos, en la incertidumbre, en el recuerdo de ese demonio hermoso, brillante , capaz de embaucar hasta a un ángel. Esos días en los cuales la luz brillaba pálida, y yo estaba en sus brazos, sin percibir el más mínimo atisbo de maldad, pensado en que estaba en manos de un ángel de bellas alas blancas, las cuales se me tornaron negras a cada paso que daba hacia mi perdición.  Y me encuentro en una constate espiral que no termina de alargarse, prolongándose infinitamente.
No busco el perdón, ni la aceptación de nadie, solo a él, solo busco en el amargo recuerdo de su estancia, otra oportunidad. No le debo nada a nadie.

No quiero firmar mi vida como una anónima mas, tampoco pretendo traer la paz mundial, solo marcar fuerte, pero despacio, que hiera, pero que no duela.
Veo como los únicos momentos de felicidad, se desvanecen, rotos por un impulso decisivo, que lleva a cualquier y a ningún punto en concreto a la vez.  No sabría decir si se desvanecieron solo por mi culpa, o si también fue la osadía del pensamiento, que podría llevar a cualquiera  al último punto de locura, en el cual estoy a punto de caer, caer hacia la nada, caer como si no hubiese un final, seguir cayendo, descendiendo al infierno en el cual se producen millones y millones de mis malos pensamientos, donde aquel demonio de ojos brillantes que había hecho de mis días sombríos y fríos, un pequeño paráis tropical.
Llegando al máximo punto de locura presente, ya no sabía que debía, o podía hacer para contrarrestar el hecho de estar hundiéndome cada vez más rápido en la soledad, propia de alguien ya acabado, pero solo que a mi aun me quedaba mucho.
Y mientras mis dedos se deslizan suave, rápido, y en ocasiones apasionadamente, por el teclado de mi ordenador; suena de fondo, lo único que verdaderamente me mantiene atada a un extremo de esa realidad, esa pequeña cuerda que une el vacío abismal de la locura, con la realidad, tan bella, tan cruda, que a veces me arranca pedazos del corazón ya medio abatido, la cual a veces inunda mis recuerdos, dejando pinceladas de soledad allá por donde quiere pasar.
Ya no se que pensar, en ocasiones , se me escapan frases acerca de mi estúpido acoso moral, la cual hago saber de manera crítica, la cual incluye en ocasiones desvaríos típicos de una adolescente, que acaba de tragarse 3 botes de pastillas, y que milagrosamente sigue viva,  no me pongo en modo suicida ni nada, pero se que a veces las indirectas pueden llegar a cortar, como lo hace el filo del cuchillo, que tan afilado se hunde en mi carne 

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